Nuestro viaje termina en la familia. No podía ser de otra manera. Decir vacaciones es decir familia. Boletín de notas que se entrega como la mejor cosecha, con el abrazo entrañable de la llegada, el trabajo bien hecho. El deber cumplido.

En el andén de llegada nos espera sí, la familia. Para disfrutar juntos. ¡Fuera reloj y horarios! Descansar juntos, caminar juntos, pasear juntos, reír juntos, jugar juntos. ¡celebrar de la vida juntos! Porque la familia es el mejor de los regalos, la mejor herencia. El amor entrañable, la ternura, el gozo de la vida, la fe.

Es el mejor destino de nuestro tren. Guiado por un buen Maquinista nos ha llevado a buen término. A Dios que nos sonríe cada jornada, nuestra acción de gracias. ¡A Él, que fundamenta nuestra vía, lo mejor de nosotros! Él nos seguirá acompañando, y protegiendo. Cada día del verano nuestro agradecimiento por tanto don. Con Él comenzaremos en septiembre nuevo curso. ¡Celebra la vida! ¡Feliz verano!

Fuente: Colegio Paula Montal - Escolapias Astorga.

 

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PAULA MONTAL, VIDRIERA DE DIOS.*

Dicen que los santos son como las vidrieras porque a través de las vidrieras contemplamos la luz del sol y a través de la vida y de la persona de un santo podemos contemplar la luz de Dios.

Paula Montal fue durante toda su vida fiel reflejo de la luz de Dios. Nació y fue bautizada en Arenys de Mar (Barcelona), el 11 de octubre de 1799. Allí, en el seno de una buena familia, comenzó su vida y esa iba a ser su preocupación y la tarea a la que iba a dedicarse en cuerpo y alma: “Salvar las familias enseñando a las niñas el santo temor de Dios”. Lo hizo bien porque, como excelente puntaire (encajera), sabía lo que era ir entrelazando los hilos para que al final resultase un bonito y laborioso encaje.

En octubre de 1829 Paula salió de Arenys, junto a su amiga Inés, rumbo a Figueras. Allí fundaron una pequeña escuela, la primera de una larga lista de fundaciones que aún hoy sigue completándose.

Hizo su Profesión Religiosa el 2 de febrero de 1847, en la capilla del colegio de Sabadell y como verdadera escolapia puso los ojos en otra hermosa vidriera: San José de Calasanz.

Paula vivió sus últimos años en Olesa de Montserrat dedicada, como siempre, a sus hermanas y a sus alumnas. Uniendo los pequeños detalles de cada día, como si de los pequeños cristales de una vidriera se tratara, se iba culminando una vida sencilla pero grande y fecunda.

A lo largo de su vida no hizo otra cosa que ofrecerse cada día para llevar la luz de Dios a los demás. Paula hablaba a sus alumnas de la santidad y les hablaba de Santa Teresa de Jesús y de San José de Calasanz, y ellas le decían: “Usted si que es una verdadera santa… ¡cuántos milagros van a salir de usted”, y ella respondía con buen humor: “Sí, quiero ser santa, pero no de altares”.

A su muerte, el 26 de febrero de 1889, todo el pueblo de Olesa exclamó: “¡Era una santa!” y dicen que su entierro fue un verdadero homenaje de amor y de gratitud a Madre Paula.

Pero la historia de Santa Paula Montal no acaba con su muerte; a través de ella, de Madre Paula, sigue pasando la luz de Dios y su obra está extendida por todo el mundo.

El 25 de noviembre de 2001 fue canonizada en Roma por Juan Pablo II, proponiendo la figura de SANTA PAULA MONTAL como ejemplo y como intercesora ya que ella fue, y sigue siendo, VIDRIERA DE DIOS.

Resumen del relato escrito por Eduardo López, profesor del colegio. I Certamen Literario “Paula Montal” 2001-2002, accésit en la categoría de adultos. Puedes leer el relato completo, descargarlo o imprimirlo abriendo el archivo adjunto.

Archivos adjuntos:
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